Opus Dei: blog no oficial Página con
respuestas a algunas críticas al Opus Dei, en forma de preguntas y respuestas. Incluye preguntas de
los lectores sobre el Opus Dei.
Amplísima información sobre el Opus
Dei, con cifras.
Opus Dei: saber Todo
lo que siempre quiso saber sobre el Opus Dei: Preguntas y respuestas
rápidas.
Opus Dei:
habla una mujer del Opus Dei Yo daré lo que tengo. Como Numeraria del Opus Dei he encontrado siempre en San Josemaría Escrivá ayuda para responder a las preguntas que cualquiera se plantea en esta vida.
Testimonios de gran valor histórico.
Recopilación de artículos publicados en la prensa internacional
entre los años 1975 (fecha de fallecimiento del fundador del
Opus Dei) y 1990, muy cerca ya de su beatificación por Juan
Pablo II.
El fantasma de
la Obra El periodista Rodolfo Brancoli describe el cambio en
el modo de percibir el Opus Dei en Italia (resumen en
castellano)
Il fantasma dell'opera (original italiano de Rodolfo
Brancoli en la revista "Liberal", junio-julio 2002)
Canonización de Josemaría Escrivá
Varios documentos sobre el Opus Dei y su fundador en
la página de un Club juvenil de Alcorcón. Incluye el texto
completo de varios testimonios presentados ante la Santa Sede
para el proceso de canonización de Josemaría Escrivá.
A la
vuelta de Roma, por Fernando Sebastián, Arzobispo de
Pamplona y obispo de Tudela (Diario de Noticias, 15-10-2002)
"En estos días pasados ha sido noticia la canonización de
San Josemaría Escrivá hecha en Roma por el Papa Juan Pablo II el
domingo día seis de octubre. Para muchos fue un día espléndido.
Para otros fue poco menos que un escándalo. Vale la pena dedicar
unos minutos a reflexionar desde la fe sobre este acontecimiento
y esta diversidad de opiniones... [más]"
El Opus Dei es una Prelatura personal de la Iglesia Católica que ayuda a los
fieles cristianos a buscar la santidad en y a través de sus actividades diarias,
especialmente mediante el trabajo.
El Opus Dei fue fundado en 1928 por un joven sacerdote Católico de 26 años,
Josemaría Escrivá, que murió en 1975 y fue beatificado por el papa Juan Pablo II
en 1992.
Una Prelatura personal es una entidad jurídica dentro de la estructura
jerárquica de la Iglesia, presidida por un Prelado y dependiente de la Sagrada
Congregación de los Obispos, a la que pueden pertenecer laicos y clérigos. La
erige la Santa Sede para fines pastorales u organizativos específicos, y está
regulada por los estatutos que aprueba la Santa Sede. El término personal indica
que se organiza y define por personas, de forma análoga a las diócesis y
parroquias, que se organizan por áreas geográficas.
No. Cualquier persona puede pertenecer al Opus Dei, independientemente de sus
talentos, habilidades o su estrato social. Es Dios quien da la vocación, y en la
práctica hay personas de todas clases. Cuando el Opus Dei se ha desarrollado
durante el tiempo necesario en un país, la mezcla social de los fieles de la
Prelatura es muy parecida a la que puede haber en el país en cuestion. Un
objetivo del Opus Dei es promover la llamada universal a la santidad, lo que
implica que cada persona es llamada por Dios para ser santa, con independencia
de su ocupación o su posición social.
Por supuesto, las labores corporativas del Opus Dei (escuelas, hospitales y
otros proyectos sociales) están abiertos a cualquiera, sin importar la raza,
nacionalidad, la religión o el estrato social. En ocasiones, esta perspectiva ha
supuesto un planteamiento innovador en países donde no había esta mezcla
cultural o social.
En una ocasión, un miembro del Vaticano dijo al beato Josemaría que el Opus Dei
había llegado "con un siglo de anticipación". La novedad del espíritu del Opus
Dei se refiere, entre otros puntos, a:
seguir activamente
la llamada universal a la santidad;
una espiritualidad
basada en el valor santificador del trabajo ordinario;
una organización de
la Iglesia dedicada a estos ideales, con hombres y mujeres, casados,
solteros y viudos, sacerdotes y laicos, de todas las razas, edades y
estratos sociales, todos intentando vivir ese mismo espíritu;
el desarrollo de
este ideal por Europa, América, Asia, África y Oceanía en
relativamente pocos años después de su fundación;
un profundo respeto
a la libertad de los cristianos en sus propias actividades (el
amplio panorama de la sociedad secular), viéndoles no como una
especie de representantes de los clérigos, sino como plenos miembros
de la Iglesia, que actúan como respuesta a la llamada del bautismo.
Actúan en la vida secular con plena libertad y responsabilidad
personal, aprovechando sus dotes intelectuales o manuales, su arte y
sus conocimientos, su experiencia profesional para su trabajo y para
otras funciones y obligaciones dentro de la sociedad.
Cuando fue fundado, muchos aspectos del espíritu del Opus Dei, aunque se basa en
el Evangelio, fueron considerados revolucionarios durante un tiempo, hasta el
punto de que algunos lo consideraron una herejía: aspectos como el papel radical
de los laicos en la Iglesia y en el mundo; el papel de la mujer; la visión del
matrimonio como un camino para ser santo; el amor al mundo creado por Dios, como
un lugar donde se puede buscar la santidad; y que las dificultades y alegrías de
la vida ordinaria, del día a día, pudieran servir para santificarse. Muchas de
estas ideas formaron parte más tarde de la enseñanza oficial de la Iglesia,
especialmente durante el Concilio Vaticano II.
Sí. De hecho, la inmensa mayoría de los fieles de la Prelatura están casados.
Algunos son solteros, y de ellos unos cuantos son sacerdotes (menos del 2% del
total)
No hay votos en el Opus Dei. Los fieles hacen un compromiso con el Opus Dei
simplemente por su honor de cristianos. Se comprometen a buscar la santidad y a
ayudar a otros a hacer lo mismo según el espíritu del Opus Dei, que significa
buscar la santidad primordialmente en y a través del trabajo cotidiano y en el
cumplimiento de sus deberes como cristianos, conservando siempre su libertad
personal.
Las relaciones de los fieles laicos del Opus Dei con sus párrocos, obispos y con
el Papa es exactamente la misma que los demás fieles católicos. Como otros
cristianos, tienen obligaciones con las regulaciones diocesanas y siguen las
enseñanzas y líneas del obispo y participan plenamente en la vida de su
parroquia en función de sus circunstancias. Sus obligaciones con el Opus Dei son
complementarias y empiezan donde termina la autoridad del obispo y se refieren a
aspectos (por ejemplo, en su vida espiritual y al apostolado) en los que los
fieles tienen libertad para buscar su propio camino de santificación.
Forman parte de la prelatura más de 84.000 personas, de las que en torno a 1.800
son sacerdotes. Del total de fieles, alrededor de la mitad son mujeres y la
mitad hombres. La distribución por continentes es, aproximadamente, la
siguiente:
Como organización, el Opus Dei ayuda a la gente ordinaria a vivir conforme a su
fe cristiana en su actividad diaria ofreciéndoles la ayuda espiritual y la
formación que necesitan para conseguirlo. Recuerda la llamada universal a la
santidad -la radical idea de que cada persona está llamada por Dios para
santificarse- especialmente mediante el trabajo profesional y las actividades
cotidianas. Para ello se ofrecen retiros espirituales, ratos de oración, cursos
de filosofía y teología, dirección espiritual, etc., en primer lugar para sus
miembros pero también para otros que desean recibir esta ayuda espiritual.
La actividad principal del Opus Dei la realiza cada uno de sus miembros,
actuando con su iniciativa personal con libertad y responsabilidad. Hay otras
labores corporativas en las que el Opus Dei garantiza los aspectos doctrinales y
espirituales. Son siembre iniciativas sin ánimo de lucro que ofrecen servicios
educativos, de caridad o con un carácter social similar, e incluyen centros
culturales, colegios y universidades, residencias de estudiantes, clubs
juveniles, escuelas agrarias y centros médicos.
La mayoría realiza su trabajo profesional, vive con su familia y desempeña su
vida social con plena normalidad, viviendo exactamente como lo harían si no
fueran del Opus Dei. El espíritu del Opus Dei les anima a realizar con esmero
esas actividades diarias para ofrecerlas como algo valioso para Dios y para
prestar una ayuda mayor a su familia, a sus amigos y a la sociedad. De este
modo, procuran crecer en las virtudes cristianas en y a través de su trabajo y
en sus actividades del día a día, y animan a otros a hacer lo mismo.
Para ello, frecuentan los sacramentos y dedican parte de su tiempo diario a la
oración, a la lectura espiritual y otros actos de devoción. Procuran practicar
la mortificación cristiana, especialmente en pequeñas cosas -en el trabajo, en
la vida de familia, pensando antes en los demás, cuidando los detalles, etc.
Asisten a unos ejercicios espirituales una vez al año, así como a clases o
cursos sobre la fe y otros aspectos para mejorar su vida cristiana.
Los fieles del Opus Dei pueden desarrollar cualquier actividad honesta que ellos
elijan. Como todos los cristianos y buenos ciudadanos, la gente del Opus Dei
tiene un interés activo en el bien común, aunque la gran mayoría no tienen una
actividad política profesional. Como cristianos corrientes, su vocación es
garantizar que sus actividades seculares se adecúan al orden natural y moral.
Los que se involucran en política lo hacen sin representar en modo alguno al
Opus Dei, sino como ciudadanos libres y responsables, siguiendo sus propios
criterios y respondiendo en la misma forma y medida que cualquier otro
ciudadano. El Opus Dei no tiene ningún interés en las actividades políticas de
ningún miembro, ni asume nunca ninguna responsabilidad al respecto.
No. Cualquier tipo de secreto está expresamente prohibido por los estatutos que
regulan el Opus Dei. En la práctica, los colegas, amigos y conocidos de los
miembros siempre sabrán su pertenencia porque ellos mismos lo dan a conocer,
especialmente por el sentido apostólico que procuran dar a todas las cosas que
hacen. Sin embargo, los fieles de la Prelatura no tienen ninguna razón para
destacar o hacer pública su pertenencia, porque la búsqueda de la santidad en el
Opus Dei es personal, un rasgo de su vida privada.
No. Cada fiel del Opus Dei, al igual que cualquier cristiano, forma su propio
juicio con absoluta libertad e independencia, adoptando el punto de vista que le
parezca mejor en las materias en las que la Iglesia no haya defendido una
postura (por ejemplo, en la inmensa mayoría de las cuestiones políticas,
sociales y económicas). El Opus Dei no puede inmiscuirse nunca, y de hecho nunca
lo hace. Su fin es exclusivamente espiritual y apostólico.
Los adjetivos como "conservador" pueden tener un sentido distinto cuando se
aplican a la política o a cuestiones religiosas. Si por "conservador" se
entiende que procura adecuarse a las enseñanzas de la Iglesia, entonces la
respuesta es afirmativa: el Opus Dei es conservador. Pero si uno piensa en
términos políticos, entonces el Opus Dei no es ni de derechas ni de izquierdas,
porque cada fiel del Opus Dei decide su propia postura en esos asuntos: entre la
gente del Opus Dei se encuentra gran diversidad de opiniones en temas políticos.
En cuestiones espirituales y doctrinales, naturalmente los fieles del Opus Dei,
como cualquier otro católico, siguen las enseñanzas de la Iglesia cuando se ha
definido en un tema concreto. Pero, por ejemplo, incluso en materias de
naturaleza teológica o filosófica no hay ninguna escuela de pensamiento del Opus
Dei, y los fieles de la Prelatura son tan libres como cualquier otro católico
para seguir una postura u otra.
En otro nivel, muchos aspectos del espíritu del Opus Dei, lejos de ser
"conservadores", se podrían considerar radicales y revolucionarios, como se
demuestra en parte en algunas de las incomprensiones que sufrió el Opus Dei,
especialmente en los primeros años.
El Opus Dei ha tenido mucha fama tanto dentro como fuera de la Iglesia. El Opus
Dei todavía es una organización joven dentro de la Iglesia, y como otras nuevas
instituciones, el Opus Dei ha sido mal entendida en ciertas ocasiones. Estas
críticas se han referido a veces a su fidelidad al Papa, a los obispos o a la fe
católica. En otras ocasiones, la razón de la controversia, real o aparente, es
no haber entendido correctamente algunos aspectos básicos sobre el Opus Dei,
como por ejemplo:
no entender que en cuestiones sociales, políticas, familiares, económicas y
profesionales, los fieles del Opus Dei se forman su propia opinión y actúan con
absoluta libertad y responsabilidad personal;
confundir el carácter íntimo o personal del compromiso con Dios con un carácter
secreto, siendo conceptos bastante distintos;
no entender la diferencia entre la condición secular o laical de los fieles de
la Prelatura, por un lado; y el estado canónico y las implicaciones de la vida
consagrada, por otro.
Cualquier persona familiarizada con la historia no se sorprendería al encontrar
controversias en torno a una nueva institución de la Iglesia. De hecho,
Jesucristo advirtió repetidas veces a sus seguidores que encontrarían esas
incomprensiones.
DECLARACIONES DE MONS. JAVIER ECHEVARRÍA A
LA PRENSA
¿Cuáles son sus relaciones con los Obispos diocesanos, y con los
sacerdotes y párrocos?
Dentro de una profunda y radical unidad, las relaciones son diversas, como
corresponde a la variedad de situaciones humanas y eclesiales de los fieles de
la Prelatura del Opus Dei. Se trata, siempre, de relaciones llenas de respeto,
adhesión, sincero afecto y afán de colaborar, lógicamente, dentro de la misión
confiada por la Santa Sede a la Prelatura. Permítame que insista: el Opus Dei,
en palabras de nuestro Fundador, siempre tira del carro en la misma dirección
que los Obispos diocesanos. Por eso mismo, la mayor parte de los frutos de vida
cristiana de la labor apostólica del Opus Dei queda en las diócesis.
¿En qué medida el Opus Dei puede influir sobre los acontecimientos del
mundo y, en particular, de la Iglesia? ¿De que modo influye la situación actual
sobre la Prelatura?
El principal influjo que los fieles del Opus Dei ejercen es por medio de la
oración: todos los laicos y sacerdotes de la Prelatura, casi 80.000, rezan
diariamente por el Papa, por los obispos, por la unidad de los cristianos, por
este mundo que aman apasionadamente. Estoy convencido que esta súplica
individual, y al mismo tiempo compacta, que se eleva continuamente a Dios desde
los cinco continentes, es un gran bien para la Iglesia y para la sociedad.
Por otra parte, el Opus Dei no tiene una estrategia global de acción en la
sociedad. Sin embargo, el espíritu de santificación del trabajo ordinario que
anima a los fieles del Opus Dei, constituye un estímulo en sus vidas que los
empuja a hacer de su propio trabajo un servicio eficaz a los demás y un
instrumento para promover la justicia y ejercer la caridad con sus semejantes.
Al mismo tiempo, el trabajo es ocasión de apostolado personal con nuestros
semejantes y, por consiguiente, de servicio a la Iglesia.
La situación actual del mundo influye en el
Opus Dei del mismo modo que influye en la Iglesia entera,
porque la Prelatura del Opus Dei es una porción de la Iglesia. La difusión actual de la
secularización y del espíritu de autosuficiencia representan hoy una dificultad real -o al
menos un desafío- para nuestros apostolados como para el de toda la
Iglesia.
Si se usan los términos "conservador" o "progresista" en sentido político, no
podría contestar a la pregunta, porque ese esquema no sirve cuando se habla de
la Iglesia. Si se emplea la palabra "conservador" fuera de ese contexto
político, se podría decir que toda la Iglesia es "conservadora", porque conserva
y transmite el Evangelio de Cristo, los sacramentos, el tesoro de la vida de los
santos, sus obras de caridad. Por razones análogas, toda la Iglesia es
"progresista", porque mira al futuro, cree en los jóvenes, no busca privilegios,
está cerca de los pobres y de los necesitados. O sea, el Opus Dei es conservador
y progresista como lo es toda la Iglesia, ni más ni menos.
En alguna oportunidad Ud. ha hecho mención a
un feminismo auténtico. ¿Qué quiere decir?
Juan Pablo II -en la Carta que dirigió a las mujeres en el mes de junio pasado-
señalaba que el feminismo ha sido una realidad sustancialmente positiva. Es
cierto que algunos excesos se han mostrado, a la postre, dañinos para la mujer.
Pero podríamos decir que han sido los efectos secundarios. Lo importante es que
se han conseguido muchas mejoras relativas a la condición de la mujer en el
mundo.
Cuando he hablado de feminismo auténtico he querido referirme a todo aquello que
supone servir a la causa de la mujer. Pienso que en el camino del feminismo se
han atravesado otras reivindicaciones (la revolución sexual, el miedo
demográfico) que han terminado por desviar el movimiento para la liberación de
la mujer de sus verdaderos fines. Por eso, considero que el verdadero feminismo
tiene todavía muchos objetivos que alcanzar. Son aún frecuentes las situaciones
degradantes para la mujer, que han de ser modificadas: violencia -en el ámbito
social y en el ámbito doméstico-, discriminación en el acceso a la educación y a
la cultura, situaciones de dominación o falta de respeto, etc. El núcleo del
verdadero feminismo es, como resulta obvio, la progresiva toma de conciencia de
la dignidad de la mujer. Muy distinto es, en cambio, el núcleo de otros
feminismos -de ordinario, agresivos-, que lo que pretenden es afirmar que el
sexo es antropológicamente y socialmente irrelevante, limitándose su relevancia
a lo puramente fisiológico.
La toma de conciencia de la dignidad de la mujer ha de difundirse entre las
propias mujeres, erradicando toda forma de complejo de inferioridad. Y teniendo
la valentía de llamar a las cosas por su nombre: rebelándose también, por
ejemplo, ante los estragos que causa el vergonzoso negocio de la pornografía;
ante la triste y equivocada afirmación del derecho a provocar el aborto; ante la
desgracia social -no es otra cosa, además de la ofensa a Dios- del divorcio.
Pero esa toma de conciencia de la dignidad de la mujer ha de difundirse también
entre los hombres, hasta eliminar todo engañoso pensamiento de superioridad y
todo deseo de dominio. Es cierto que el feminismo está configurando un nuevo
modelo de mujer, pero -en el fondo- está interpelando al hombre, que tiene que
aprender a mirar y a tratar a la mujer de un modo nuevo.
Nuestro Señor, que es infinitamente Justo e infinitamente Sabio, creó al hombre
y a la mujer con misiones distintas, teniendo la misma posibilidad de
santificarse. Tratar de alterar ese orden es poco consecuente, y estamos viendo
a qué resultados conduce: falta de comprensión y de convivencia, ausencia de
entendimiento de la humanidad.
¿Cree que mantener el espíritu cristiano en una familia es más difícil
ahora que en otros tiempos?
Sin duda hay dificultades nuevas, pero esto no significa que antes no hubiera
ninguna. En todo caso, a mí no me gusta hablar de dificultades, sino de
desafíos. Y a los desafíos es preciso responder de modo constructivo.
Educar a los hijos no es sólo preservarlos de peligros y resistir a las
influencias nocivas del ambiente: es, sobre todo, realizar una apasionante tarea
positiva, que el Señor ha puesto en manos del padre y de la madre.
Es una tarea difícil, en efecto, pero la ayuda de Dios, que es el factor más
importante, no falta nunca a quien la pide en la oración. ¡Cuántas veces ha sido
precisamente el acicate de la responsabilidad por la educación de los hijos lo
que ha llevado a los padres a acercarse a Dios!
¿Cuál es la relación con los nuevos movimientos y asociaciones en la
Iglesia, con la vida religiosa?
Cuando rezo el Credo, me gusta paladear cada una de las notas que definen a la
Iglesia: Una, Santa, Católica y Apostólica. La Iglesia es intrínsecamente una,
no un conglomerado de elementos dispersos. Es un organismo, un cuerpo, el Cuerpo
Místico de Cristo, en el que los diferentes miembros, con su enriquecedora
diversidad, se necesitan unos a otros.
Todo el valor del Opus Dei reside en que es parte de la Iglesia: sin ese estar
en la Iglesia, el Opus Dei se desharía. Por eso, cualquier otra luz que se
enciende para servir a Jesucristo, me resulta cercana, algo propio, expresión de
la iniciativa del mismo Espíritu, del empeño por anunciar a Cristo.
En el plano práctico, el Opus Dei procura mantener una relación fraterna con
todas las realidades de la Iglesia. Y cuenta con el apoyo de la oración y el
cariño de muchas personas: por mencionar sólo un ejemplo, más de quinientas
comunidades contemplativas son cooperadoras del Opus Dei.
ALFA Y OMEGA, Madrid, España, 21 de febrero de 2002
Su experiencia como obispo de una Prelatura personal es muy diferentes a
la de los obispos que encabezan una diócesis. ¿Cuáles son sus particularidades?
En los cuatro sínodos de obispos en los que he participado como padre sinodal,
he sentido la solidaridad de mis hermanos en el episcopado. Como miembros del
colegio episcopal, compartimos, unidos al Papa, la responsabilidad sobre toda la
Iglesia. Se aprende mucho de los demás.
Desde luego, la extensión geográfica de la prelatura del Opus Dei, desde China a
Estonia, del Líbano a la India, de México a Uganda, nos sirve para palpar
diariamente las realidades más variadas. (...)
También, estamos en contacto permanente con los problemas de los hombres, desde
los más banales a los más graves: el hambre (hay fieles de la Obra que no pueden
hacer más que una comida al día, como por ejemplo en los Andes peruanos o en
alguna isla de Filipinas); la guerra o la inseguridad en Tierra Santa, Colombia,
Congo o Sudáfrica y en tantos otros países; o los desafíos intelectuales más
serios, como por ejemplo los que se refieren a la bioética.
Pero los medios son siempre los mismos: la Cruz y el Evangelio. Y la misión que
la Prelatura ha recibido de la Iglesia atañe a todos los hombres: recordar a
cada uno que Dios le ama y espera ser correspondido en la vida ordinaria. En
otras palabras, la llamada universal a la santidad allí donde nos encontremos.
El Opus Dei participa pues en la misión de la Iglesia y comparte con ella y en
ella "la alegría y la esperanza, la tristeza y el sufrimiento de los hombres"
(Vaticano II, Constitución Gaudium et Spes, n° l).
Uno de los retos a los que se enfrentan los fieles de la prelatura es el
desconocimiento que se tiene de Jesucristo en grandes áreas del mundo y en
amplias capas de la población, desde Suecia a Kazajstán, de Singapur a
Finlandia.
Asimismo, nos enfrentamos a la anorexia espiritual de la Vieja Europa; a su
"cultura de la muerte"; y a la búsqueda de la igualdad educativa formulada "a la
baja", que son causa de una emotividad exacerbada que revela una falta de
referencias y ausencia de coraje, en especial a la hora de combatir los propios
defectos, los propios pecados.
Este panorama quedaría incompleto si no mencionáramos el actual deseo del
Absoluto entre la juventud, el crecimiento de una conciencia ecológica bien
enfocada, y una mayor apertura a la existencia de Dios. Esta palabra, pese a que
aún quema en los labios de muchos políticos occidentales, sigue interpelando a
mucha gente. Un gran número de jóvenes está descubriendo la novedad de Cristo.
Querría añadir que, gracias a Dios, esta sed de renovación, este deseo de
ampliar las fronteras, no pertenece sólo a los jóvenes. Hay, en todos los
niveles de las sociedad, hombres y mujeres humanamente maduros, quizá adultos,
que mantienen un corazón joven, dispuesto a recibir y a darse.
Sophie de Ravinel, Famille Chrétienne (France), 1 de enero de 2002
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