Transcripción de una intervención oral del cardenal Ratzinger con ocasión de la canonización de San Josemaría Escrivá. Card. Joseph Ratzinger // Osservatore Romano 6 de octubre de 2002 Siempre me ha llamado la atención el sentido que Josemaría Escrivá daba al nombre Opus Dei; una interpretación que podríamos llamar biográfica y que permite entender al fundador en su fisonomía espiritual. Escrivá sabía que debía fundar algo, y a la vez estaba convencido de que ese algo no era obra suya: él no había inventado nada: sencillamente el Señor se había servido de él y, en consecuencia, aquello no era su obra, sino la Obra de Dios. Él era solamente un instrumento a través del cual Dios había actuado. Al considerar esta actitud me vienen a la mente las palabras del Señor recogidas en el evangelio de San Juan 5,17: “Mi Padre obra siempre”. Son palabras pronunciadas por Jesús en el curso de una discusión con algunos especialistas de la religión que no querían reconocer que Dios puede trabajar en el día del sábado. Un debate todavía abierto y actual, en cierto modo, entre los hombres –también cristianos- de nuestro tiempo. Algunos piensan que Dios, después de la creación, se ha “retirado” y ya no muestra interés alguno por nuestros asuntos de cada día. Según este modo de pensar, Dios no podría intervenir en el tejido de nuestra vida cotidiana; sin embargo, las palabras de Jesucristo nos indican mas bien lo contrario. Un hombre abierto a la presencia de Dios se da cuenta de que Dios obra siempre y de que también actúa hoy; por eso debemos dejarle entrar y facilitarle que obre en nosotros. Es así como nacen las cosas que abren el futuro y renuevan la humanidad. Todo esto nos ayuda a comprender por qué Josemaría Escrivá no se consideraba “fundador” de nada, y por qué se veía solamente como un hombre que quiere cumplir una voluntad de Dios, secundar esa acción, la obra –en efecto- de Dios. En este sentido, constituye para mí un mensaje de gran importancia el teocentrismo de Escrivá de Balaguer: está en coherencia con las palabras de Jesús esa confianza en que Dios no se ha retirado del mundo, porque está actuando constantemente; y en que a nosotros nos corresponde solamente ponernos a su disposición, estar disponibles, siendo capaces de responder a su llamada. Es un mensaje que ayuda también a superar lo que puede considerarse como la gran tentación de nuestro tiempo: la pretensión de pensar que después del big bang, Dios se ha retirado de la historia. La acción de Dios no “se ha parado” en el momento del big bang, sino que continúa en el curso del tiempo, tanto en el mundo de la naturaleza como en el de los hombres. El fundador de la Obra decía: yo no he inventado nada; es Otro quien lo ha hecho todo; yo he procurado estar disponible y servirle como instrumento. La palabra y toda la realidad que llamamos Opus Dei está profundamente ensamblada con la vida interior del Fundador, que aun procurando ser muy discreto en este punto, da a entender que permanecía en diálogo constante, en contacto real con Aquél que nos ha creado y obra por nosotros y con nosotros. De Moisés se dice en el libro del Éxodo (33,11) que Dios hablaba con él “cara a cara, como un amigo habla con un amigo”. Me parece que, si bien el velo de la discreción esconde algunas pequeñas señales, hay fundamento suficiente para poder aplicar muy bien a Josemaría Escrivá eso de “hablar como un amigo habla con un amigo”, que abre las puertas del mundo para que Dios pueda hacerse presente, obrar y transformar todo. En esta perspectiva se comprende mejor qué significa santidad y vocación universal a la santidad. Conociendo un poco la historia de los santos, sabiendo que en los procesos de canonización se busca la virtud “heroica” podemos tener, casi inevitablemente, un concepto equivocado de la santidad porque tendemos a pensar: “esto no es para mí”; “yo no me siento capaz de practicar virtudes heroicas”; “es un ideal demasiado alto para mí”. En ese caso la santidad estaría reservada para algunos “grandes” de quienes vemos sus imágenes en los altares y que son muy diferentes a nosotros, normales pecadores. Esa sería una idea totalmente equivocada de la santidad, una concepción errónea que ha sido corregida – y esto me parece un punto central- precisamente por Josemaría Escrivá. Virtud heroica no quiere decir que el santo sea una especie de “gimnasta” de la santidad, que realiza unos ejercicios inasequibles para las personas normales. Quiere decir, por el contrario, que en la vida de un hombre se revela la presencia de Dios, y queda más patente todo lo que el hombre no es capaz de hacer por sí mismo. Quizá, en el fondo, se trate de una cuestión terminológica, porque el adjetivo “heroico” ha sido con frecuencia mal interpretado. Virtud heroica no significa exactamente que uno hace cosas grandes por sí mismo, sino que en su vida aparecen realidades que no ha hecho él, porque él sólo ha estado disponible para dejar que Dios actuara. Con otras palabras, ser santo no es otra cosa que hablar con Dios como un amigo habla con el amigo. Esto es la santidad. Ser santo no comporta ser superior a los demás; por el contrario, el santo puede ser muy débil, y contar con numerosos errores en su vida. La santidad es el contacto profundo con Dios: es hacerse amigo de Dios, dejar obrar al Otro, el Único que puede hacer realmente que este mundo sea bueno y feliz. Cuando Josemaría Escrivá habla de que todos los hombres estamos llamados a ser santos, me parece que en el fondo está refiriéndose a su personal experiencia, porque nunca hizo por sí mismo cosas increíbles, sino que se limitó a dejar obrar a Dios. Y por eso ha nacido una gran renovación, una fuerza de bien en el mundo, aunque permanezcan presentes todas las debilidades humanas. Verdaderamente todos somos capaces, todos estamos llamados a abrirnos a esa amistad con Dios, a no soltarnos de sus manos, a no cansarnos de volver y retornar al Señor hablando con Él como se habla con un amigo sabiendo, con certeza, que el Señor es el verdadero amigo de todos, también de todos los que no son capaces de hacer por sí mismos cosas grandes. Por todo esto he comprendido mejor la fisonomía del Opus Dei: la fuerte trabazón que existe entre una absoluta fidelidad a la gran tradición de la Iglesia, a su fe, con desarmante simplicidad, y la apertura incondicionada a todos los desafíos de este mundo, sea en el ámbito académico, en el del trabajo ordinario, en la economía, etc. Quien tiene esta vinculación con Dios, quien mantiene un coloquio ininterrumpido con Él, puede atreverse a responder a nuevos desafíos, y no tiene miedo; porque quien está en las manos de Dios, cae siempre en las manos de Dios. Es así como desaparece el miedo y nace la valentía de responder a los retos del mundo de hoy.
Palabras de Benedicto XVI a los jóvenes participantes en el encuentro UNIV 2008 Que dirigió Benedicto XVI el miércoles a los 3.500 jóvenes participantes en el encuentro internacional UNIV 2008, iniciativa que se celebra todos los años desde 1968 con la inspiración y aliento de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Ciudad del Vaticano, 19 marzo 2008. Queridos amigos: Os doy mi cordial bienvenida a todos vosotros que habéis venido a Roma de diferentes países y universidades para celebrar la Semana Santa juntos y para participar en el congreso internacional UNIV. De este modo, podréis beneficiarios de momentos de oración común, de enriquecimiento cultural y de intercambio fecundo de las experiencias hechas por vuestra asociación con centros y actividades de formación cristiana patrocinados por el Opus Dei en vuestras respectivas ciudades y naciones. Vosotros sabéis que con un serio compromiso personal, inspirado en los valores evangélicos, es posible responder adecuadamente a los grandes interrogantes del tiempo presente. El cristiano sabe que hay un nexo inseparable entre verdad, ética y responsabilidad. Toda expresión cultural auténtica contribuye a formar la conciencia y estimula a la persona a superarse a si misma a fin de que pueda mejorar la sociedad. Uno se siente así responsable ante la verdad, al servicio de la cual ha de ponerse la propia libertad personal. Se trata ciertamente de u! na misión comprometida y para realizarla el cristiano está llamado a seguir a Jesús, cultivando una intensa amistad con Él a través de la oración y de la contemplación. Ser amigos de Cristo y dar testimonio de Él allí donde nos encontremos exige, además, el esfuerzo de ir contracorriente, recordando las palabras del Señor: estáis en el mundo pero no sois del mundo (cf. Jn 15, 19). No tengáis, por tanto, miedo, cuando sea necesario, de ser inconformistas en la universidad, en el colegio y en todas partes. Queridos jóvenes de UNIV, sed levadura de esperanza en este mundo que anhela encontrar a Jesús, en ocasiones sin darse cuenta. Para mejorarlo, esforzaos ante todo por cambiar vosotros mismos a través de una vida sacramental intensa, especialmente acercándoos al sacramento de la Penitencia, y participando asiduament! e en la celebración de la Eucaristía. Encomiendo a cada uno de vosotros y a vuestras familias a Maria, que nunca dejó de contemplar el Rostro de su Hijo Jesús. Invoco sobre cada uno de vosotros la protección de san Josemaría y de todos los santos de vuestras tierras, mientras de corazón os deseo una feliz Pascua.
Carta a Álvaro del Portillo(15-XI-1978) Álvaro del Portillo, Carta 28-XI-1982, en Rendere amabile la verità, p. 75 «Dos meses más tarde, el Papa actualmente reinante, Juan Pablo II, me escribió el 15 de noviembre una carta autógrafa, para manifestarnos su cordial participación en nuestra alegría y agradecimiento a Dios, por las Bodas de Oro de la fundación de la Obra. Al transmitirme la carta, el entonces Cardenal Secretario de Estado me comunicaba que el Santo Padre consideraba "una improrrogable necesidad que se resolviese el problema del status jurídico del Opus Dei"».
Erección de la Obra en Prelatura personal (28-XI-1982) Álvaro del Portillo, Carta 28-XI-1982, en Rendere amabile la verità, pp. 76-77 «El 23 de agosto de este año, el Santo Padre hizo el anuncio oficial de su decisión de erigir el Opus Dei como Prelatura personal, después de haber aprobado —el 5 de agosto de 1982, fiesta de la Virgen de las Nieves— una Declaración de la Sagrada Congregación para los Obispos en la que se explican los rasgos fundamentales de la nueva Prelatura. Finalmente, el Santo Padre mandó que se erigiera la Prelatura con fecha 28 de noviembre de 1982, primer Domingo de Adviento, y que se publicara este acto pontificio en las vísperas de ese Domingo, es decir, en la tarde del sábado 27 de noviembre, que coincide con una fecha tan querida por nuestro Padre: la fiesta de la Virgen de la Medalla Milagrosa, aniversario de la muerte del Abuelo. Así hemos llegado a la conclusión de este largo camino, tal y como había deseado nuestro Fundador. Gratias Deo super inenarrabili dono eius! (II Cor. IX, 15). ¡Sean dadas gracias a Dios por su don inefable!».
Pedro Rodríguez, «La figura eclesial de Mons. Álvaro del Portillo», en Homenaje a Mons. Álvaro del Portillo, pp. 93-94 «Con motivo de su 80 aniversario, Juan Pablo II mandaba un quirógrafo "a nuestro venerado y querido Hermano Álvaro del Portillo", en el que resumió en dos palabras todo lo que fue la vida de nuestro queridísimo Gran Canciller: un "trabajo, lleno de fidelidad, realizado al servicio de la Iglesia"».
Muerte de Álvaro del Portillo (23-III-1994) Telegrama al Vicario General de la Prelatura, 23-III-1994, en L'Osservatore Romano, edición en castellano, 25-III-1994 «Al recibir la triste noticia del improviso fallecimiento de mons. Álvaro del Portillo, prelado del Opus Dei, dirijo a usted y a todos los miembros de la entera prelatura las más sentidas condolencias, mientras, recordando con ánimo grato al Señor la celosa vida sacerdotal y episcopal del difunto, el ejemplo de fortaleza y de confianza en la Providencia divina que dio constantemente, así como su fidelidad a la sede de Pedro y el generoso servicio eclesial como íntimo colaborador y benemérito sucesor del beato Josemaría Escrivá, elevo al Señor fervientes plegarias de sufragio para que acoja en el gozo eterno a este servidor suyo bueno y fiel y envío como consuelo de cuantos se han beneficiado de su dedicación pastoral y de sus selectas dotes de mente y de corazón una bendición apostólica especial. Ioannes Paulus PP. II».
Audiencia a los participantes en el congreso Univ 94 (29-III-1994) L'Osservatore Romano, edición en castellano, 22-IV-1994 «Amadísimos profesores y estudiantes de tantas universidades de todo el mundo, vuestro tradicional Congreso UNIV en Roma ha tenido este año un tono particular por el reciente fallecimiento de vuestro queridísimo prelado, monseñor Álvaro del Portillo, a quien el Señor ha llamado a sí al final de una vida larga y activa. Al tiempo que aseguro, una vez más, mi oración por su alma, expreso al vicario general, mons. Javier Echevarría, a quien agradezco las palabras que me acaba de dirigir, y a toda la prelatura del Opus Dei, mis sentimientos de pésame y de afectuosa solidaridad [...]. El pensamiento se dirige a los lugares de Tierra santa, a Jerusalén, donde el Señor abrazó la cruz [...]. En estos días, el recuerdo de Tierra santa para vosotros está vinculado también a la persona de monseñor Álvaro del Portillo. En efecto, antes de llamarlo a sí, Dios le concedió realizar una peregrinación a los lugares donde Jesús pasó su vida terrena. Fueron días de intensa oración que lo unieron estrechamente a Cristo y casi lo prepararon para el encuentro definitivo con la santísima Trinidad. Quiera Dios que, al recordar a este siervo bueno y fiel, con el espíritu de la Semana Santa, cada uno de vosotros intensifique su compromiso al servicio del Evangelio y difunda el anuncio de la salvación mediante su testimonio cristiano diario [...]. Queridísimos, os deseo que, a lo largo de esta Semana Santa, con la ayuda de la gracia, maduréis dentro de vosotros las disposiciones necesarias para transformar vuestra vida en un testimonio tangible de la Resurrección. Confiando en la presencia de Cristo resucitado entre vosotros, sed testigos valientes de su Evangelio en el mundo de hoy. En ello os guiará el beato Josemaría Escrivá de Balaguer, el cual en su vida buscó ser fiel servidor de la misión que el Señor confió a su Iglesia».
Homilía en la ordenación episcopal de Javier Echevarría (6-I-1995) L'Osservatore Romano, edición en castellano, 13-I-1995 «Recibís un nuevo don: el don del pleno servicio pastoral en la Iglesia de Dios, el episcopado, en el que continúa y se prolonga incesantemente la misión apostólica de la Iglesia. Así pues, partid, como los Magos de oriente, enriquecidos con el don de Dios, y llevadlo a los lugares adonde os llama el servicio eclesial [...]. Tú, monseñor Javier Echevarría Rodríguez, prelado de la prelatura personal de la Santa Cruz y del Opus Dei, difúndelo como prenda de renovado testimonio en todo ambiente de vida».
Homilía en la dedicación de la iglesia parroquial del beato Josemaría Escrivá (10-III-1996) «Con la actual liturgia de dedicación este edificio se convierte en lugar sagrado, en una iglesia, morada de Dios entre los hombres. Al recibir el sacramento del bautismo, sucede en los creyentes algo más profundo aún. Transformados en hijos adoptivos de Dios mediante la regeneración espiritual que realizan el agua y el Espíritu Santo, quedan insertados en el Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. El Espíritu habita en los bautizados como en un templo. Por eso, todo cristiano está llamado a ser santo, como el Padre celestial. El Beato Josemaría Escrivá testimonió con su vida y su enseñanza constante esta verdad, proclamada claramente por Jesús en el Evangelio. "Dios nos espera todos los días —solía repetir—. Sabedlo bien: hay algo de santo, de divino, oculto en las situaciones más comunes, algo que os corresponde descubrir a cada uno". Y añadía: "No hay otro camino, hijos míos: o sabemos encontrar al Señor en nuestra vida diaria, o nunca lo encontraremos" (Conversaciones con monseñor Escrivá de Balaguer, n. 114). Hoy dedicamos vuestra parroquia al fundador del Opus Dei, que tanto hizo para difundir el ideal de la santidad. Amadísimos hermanos y hermanas, sabed hacer vuestro su programa de vida y de trabajo pastoral: vivir buscando la santidad y hacer comprender a toda persona con quien os encontráis, hombre o mujer, que está llamada a la plena comunión con Dios [...]. Os encomiendo a todos a las manos maternas de la bienaventurada Virgen María y a la intercesión del beato Josemaría Escrivá».
Otros textos de Juan Pablo II La evangelización y el hombre interior, conferencia en el CRIS, 13-X-1974: en Scripta Theologica, 1979, p. 56 «En la época en que vivimos, frente a la llamada "tercera aceleración" —que mira sobre todo al progreso de los medios técnicos y de las estructuras organizativas—, debemos plantearnos, con mayor urgencia, mirando al futuro de nuestra civilización, esta pregunta: el verdadero desarrollo del hombre —es decir, su progreso personal, su madurez espiritual y su personalidad moral— ¿tendrá lugar al mismo ritmo que el progreso de los medios técnicos disponibles? ¿De qué manera, en definitiva, dominando la faz de la tierra, podrá el hombre plasmar en ella su rostro espiritual? Podremos responder a esta pregunta con la expresión —tan feliz y ya tan familiar a gentes de todo el mundo— que Mons. Escrivá de Balaguer ha difundido hace tantos años: santificando cada uno el propio trabajo, santificándose en el trabajo y santificando a los otros con el trabajo». (Homilía en la misa para 300 profesores y estudiantes del Opus Dei, 19-VIII-1979, en L'Osservatore Romano, edición en castellano, 26-VIII-1979 Homilía en la misa para 300 profesores y estudiantes del Opus Dei, 19-VIII-1979, en L'Osservatore Romano, edición en castellano, 26-VIII-1979 «Realmente es un gran ideal el vuestro, que desde los comienzos se ha anticipado a la teología del laicado, que caracterizó después a la Iglesia del Concilio y del posconcilio. En efecto, este es el mensaje y la espiritualidad del Opus Dei: vivir unidos a Dios en el mundo, en cualquier situación, tratando de mejorarse a sí mismo con la ayuda de la gracia, y dando a conocer a Jesucristo con el testimonio de la vida. Y ¿qué hay más bello y más entusiasmante que este ideal? Vosotros, insertos y mezclados en esta humanidad alegre y dolorosa, queréis amarla, iluminarla, salvarla: ¡benditos seáis y siempre animosos en este vuestro intento!».
Cita de «Sacerdote para la eternidad», una de las homilías de Amar a la Iglesia, en un discurso del Papa en Brasil, 2-VII-1980: en AA.VV., Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer y el Opus Dei, p. 303 «Jesús nos identifica de tal modo consigo en el ejercicio de los poderes que nos confirió, que nuestra personalidad es como si desapareciese delante de la suya, ya que es Él quien actúa por medio de nosotros. "Por el Sacramento del Orden —dijo alguien acertadamente—, el sacerdote se capacita efectivamente para prestar a Nuestro Señor la voz, las manos, todo su ser; es Jesucristo quien, en la Santa Misa, con las palabras de la Consagración, cambia la sustancia del pan y del vino en su Cuerpo y en su Sangre"». Homilía en la misa celebrada durante la visita a la parroquia romana de San Juan Bautista en el Collatino, 15-I-1984, en L'Osservatore Romano, edición en castellano, 22-I-1984 «Saludo a los sacerdotes del Opus Dei, a quienes está confiada la atención pastoral de este barrio tiburtino; en particular dirijo un afectuoso saludo a mons. Álvaro del Portillo, prelado del Opus Dei, que como colaborador del inspirado fundador, el Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, contribuyó ya a la erección de esta parroquia y del centro internacional de "Educación, trabajo, instrucción, deporte". Me alegra saber que en esta parroquia están trabajando tres comunidades religiosas femeninas: las Religiosas de la Divina Vocación, que dirigen la Escuela materna y elemental de Nuestra Señora de Guadalupe; las hijas de la caridad de San Vicente de Paúl, para el apostolado social; las monjas Religiosas de la Visitación de Santa María, que viven en clausura. Me proporciona igualmente satisfacción conocer que en la parroquia hay un "Centro de asistencia" y un grupo de "Voluntariado vicentino", que prestan ayuda concreta a los pobres y a las familias necesitadas del barrio. También actúa un grupo para la "Tercera edad", que cuida de la asistencia a los ancianos. Mi aplauso va, además, a los "catequistas", que bajo la dirección del párroco, don Francesco Angelicchio, y de los coadjutores, desarrollan una acción capilar de evangelización en los varios ambientes del barrio, llegando a personas de toda condición y edad. Pero sobre todo quiero dedicar un saludo particular a los dirigentes y a los que pertenecen al centro ELIS, los cuales, con su obra de promoción humana y social, fecundizan el terreno de todo el barrio de manera que abren el camino a la acción pastoral de la parroquia. Este centro es un testimonio claro del interés de la Iglesia por las clases trabajadoras. Como dijo Pablo VI el día de la inauguración, ésta "es una obra del Evangelio, esto es, totalmente dirigida en beneficio de los que se aprovechan de él. No es simplemente un lugar de alojamiento, ni una mera oficina, o sólo una escuela, no es un campo deportivo cualquiera: es un centro donde la amistad, la confianza, la alegría forman una atmósfera; donde la vida tiene una dignidad, un sentido, un esperanza; es la vida cristiana la que aquí se afirma y se desarrolla, y que quiere demostrar aquí en la práctica muchas cosas muy interesantes para nuestro tiempo" (Insegnamenti di Paolo VI, III, 1965, pág. 649)». Homilía en la misa celebrada durante la visita a la parroquia romana de San Eugenio, 2-III-1986, en L'Osservatore Romano, edición en castellano, 9-III-1986
«La parroquia de San Eugenio está confiada al cuidado de los sacerdotes de la prelatura del Opus Dei. Según una expresión del fundador, mons. Escrivá de Balaguer, estos sacerdotes se comprometen a "tirar del carro en la dirección que quiera el obispo del lugar", conscientes de "¡qué alegría, poder decir con todas las veras de mi alma: amo a mi Madre la Iglesia santa!" (cf. Camino, n. 518). Os doy las gracias por el vigoroso esfuerzo con que os dedicáis, en esta comunidad, a la realización del programa pastoral de la diócesis del Papa». Audiencia a los participantes en el congreso Univ 86, 24-III-1986, en L'Osservatore Romano, edición en castellano, 6-IV-1986 «Sé que los encuentros, que reúnen todos los años en Roma a varios miles de estudiantes y de profesores universitarios, comenzaron en el ya lejano 1968 —año de particular resonancia en el mundo de la universidad— bajo el impulso y la inspiración del Siervo de Dios, Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Animado por la solicitud sacerdotal hacia los jóvenes, quiso hacerlos venir precisamente a Roma para que, junto a la tumba de San Pedro, se confirmaran en sus almas la luz de la fe católica y el amor a la Iglesia [...]. Sé muy bien que la prelatura del Opus Dei da a todos sus miembros y a todos aquellos que se acercan a su apostolado una profunda formación cristiana, favoreciendo el ejercicio de la libertad y de las responsabilidades personales en las elecciones temporales. En tal formación, una importancia fundamental viene atribuida a la oración y a la frecuencia de sacramentos, como requisito indispensable para vivir con plenitud la vida cristiana y ser, por tanto, eficaces constructores de la paz; en efecto, sólo a los pacíficos es concedida la bienaventuranza de ser llamados hijos de Dios (cf. Mt 5,9). Proseguid por este camino e invitad a vuestros amigos a hacer personalmente el maravilloso descubrimiento de la cercanía de Dios en el trabajo profesional y en las ocupaciones cotidianas». Audiencia a los participantes en el congreso Univ 89, 26-III-1989, en L'Osservatore Romano, edición en castellano, 2-IV-1989 «Cuando el hombre, la persona humana, con su reflexión y su sensibilidad, se halla ante este evento, ante este hecho que es la resurrección de Cristo, debe transformarse. Debe ponerse en camino, debe iniciar una conversión, debe comenzar a pensar en todo: en lo creado y en todo lo que es humano. Debe pensar con las categorías de la actividad de Dios, de la obra de Dios, del "Opus Dei". No hago propaganda del Opus Dei. Trato sólo de comprender y de explicar cuál podía ser la primera intuición de este nombre, de esta denominación. Además me explico por qué vosotros, jóvenes de todas las partes del mundo, de diversos continentes, universidades, naciones y lenguas, os dais cita en Roma durante el periodo que precede a la Pascua [...]. Quisiera dar las gracias a todos. Cada uno de vuestros testimonios procede de una parte del mundo, en lenguas diversas y representa diversas culturas y tradiciones; representa sufrimientos de pueblos y jóvenes diversos. Todo lo que habéis testimoniado es verdad y lo habéis manifestado en este patio de San Damaso, para poner de relieve lo que es obra del hombre y debe convertirse en obra de Dios. Todo lo que es belleza, pensamiento, ciencia, inventiva, creatividad, universidad, todo esto es al fin "Opus Dei", "Obra de Dios", y cuando se ve así, cuando se considera así, adquiere su plena dimensión». Audiencia a los participantes en el congreso Univ 90, 15-IV-1990, en L'Osservatore Romano, edición en castellano, 22-IV-1990
«Sé que todos vosotros, siguiendo la formación que se os ofrece en los centros de la Prelatura del Opus Dei, os comprometéis seriamente a buscar a Cristo y amarlo a través de las tareas que desempeñáis en la sociedad humana. Conocéis la gran necesidad de una profunda y vibrante renovación espiritual, que existe hoy en la Iglesia. Sé también que puedo contar con la disponibilidad de todos vosotros aquí presentes para ser ardientes colaboradores de esa renovación. ¡No defraudéis esta confianza que Dios pone en vosotros!». Audiencia a mujeres de la Prelatura del Opus Dei, 23-VIII-1990, en L'Osservatore Romano, edición en castellano, 2-IX-90
«Así, el mundo vive en la Iglesia, podemos decir, a través de un "opus hominis", un "opus humanum". Pero en este "opus humanum", dentro de este "opus humanum", a través del mundo, gracias a Cristo nosotros hallamos un "opus Dei", un "opus divinum", un "opus divinum Incarnationis", un "opus divinum Redemptionis". Este "opus divinum" abarca todo lo creado, todo lo que es humano, lo que pertenece a la geografía de la Iglesia. Todo esto fue creado al inicio, fue dado como don al hombre y luego divinizado a través de la Encarnación: "Verbum caro..." y luego redimido en su cruz y en su resurrección. Y este "opus divinum", este misterio vive en el mundo creado, no solamente en este mundo nuestro: pero el mismo cosmos inconmensurable está abarcado por este "opus divinum". El hombre, la persona humana, es consciente de esto, puede ser consciente de esto si tiene la gracia de la fe: cada uno de nosotros, hombre o mujer... La persona humana, mujer y hombre, lleva en sí este "opus divinum", "opus Dei". Deseo a todas vosotras que llevéis este "opus Dei" en vuestra vida y en vuestro apostolado».
Audiencia a los participantes en el congreso Univ 91, 31-III-1991, L'Osservatore Romano, edición en castellano, 19-IV-1991 «Cristo vive en el mundo y lo transforma. Siguiéndolo con confianza e imitándolo con fidelidad, llevaréis a cumplimiento vuestra misión de apóstoles. El cristiano no puede limitarse, por necesario que sea, al mero trabajo de promoción humana y de renovación social. Está llamado a dar la vida, a fin de que todas las personas encuentren a Cristo y lo amen de todo corazón. "El apostolado cristiano —escribe vuestro fundador— no es un programa político, ni una alternativa cultural: supone la difusión del bien, el contagio del deseo de amar, una siembra concreta de paz y de alegría» (Josemaría Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, 124). Es esta concepción de apostolado personal, tan elevada y concreta, la que anima la actividad de los fieles laicos y de los sacerdotes de la Prelatura del Opus Dei; todos vosotros os inspiráis en ella. Sed apóstoles de Cristo, principalmente en las escuelas y en los institutos que frecuentáis. Enriqueced vuestro crecimiento espiritual con una profundización constante de la fe. El mundo de la escuela será, entonces, no sólo fragua de ideas, sino también auténtica palestra de virtudes cristianas. Estudiad con seriedad, porque la preparación profesional es parte integrante de vuestros deberes morales y camino irrenunciable hacia la santificación. Mostraos disponibles siempre hacia los que sufren en el cuerpo y en el espíritu. Perseverad en la oración, como corresponde a quienes fijan su corazón en Dios. De este modo, el que comparte con vosotros las fatigas y los deberes de todos los días, al ver vuestra conducta, se sentirá impulsado a abrir su existencia al Señor. En vosotros se hará presente el Resucitado. Y cuantos os traten podrán decir, como los discípulos de Emaús: "¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino?" (Lc 24, 32)».
Antes de ser elegido Papa, artículo en Il Gazzettino, Venecia (25-VII-1978) Reproducido en La Nación (Buenos Aires). 20-IX-1978
Buscando a Dios en el trabajo cotidiano En 1941 el español Víctor García Hoz, después de confesarse, escuchó que le decían: "Dios te llama por caminos de contemplación". Se quedó pasmado. Siempre había escuchado decir que la "contemplación" era una cosa para santos encaminados a la vida mística, cumbre asequible sólo a unos pocos elegidos, gente en la mayoría de los casos retirada del mundo. "Yo, en cambio —escribe Hoz— en aquellos años estaba casado, con dos otres hijos entonces y esperando como ocurrió en realidad, la llegada de más hijos, teniendo que trabajar para sacar adelante la familia". ¿Quién era entonces aquel confesor revolucionario, que dejaba de lado las barreras tradicionales, señalando metas místicas incluso a los casados? Era Josemaría Escrivá de Balaguer, un sacerdote español fallecido en Roma en 1975 a los setenta y tres años. Conocido sobre todo por ser el fundador del Opus Dei, asociación difundida en todo el mundo de la cual los diarios se ocuparon a menudo, pero con muchas imprecisiones. ¿Qué hacen realmente, quiénes son los miembros del Opus Dei? El mismo fundador lo ha dicho: "Somos —ha declarado en 1967— un pequeño tanto por ciento de sacerdotes, que antes han ejercido una profesión o un oficio laical; un gran número de sacerdotes seculares de muchas diócesis del mundo; y la gran muchedumbre formada por hombres y por mujeres de diversas naciones, de diversas lenguas, de diversas razas, que viven de su trabajo profesional, casados la mayor parte, solteros muchos otros, que participan con sus conciudadanos en la grave tarea de hacer más humana y más justa la sociedad temporal; en la noble lid de los afanes diarios, con personal responsabilidad, experimentando con los demás hombres, codo con codo, éxitos y fracasos, tratando de cumplir sus deberes y de ejercitar sus derechos sociales y cívicos. Y todo con naturalidad, como cualquier cristiano consciente, sin mentalidad de selectos, fundidos en la masa de sus colegas, mientras procuran detectar los brillos divinos que reverberan en las realidades más vulgares". En palabras más modestas las "realidades más vulgares" son el trabajo que nos toca hacer cada día; los "brillos divinos que reverberan" son la vida santa que hemos de sacar adelante. Escrivá de Balaguer, con el Evangelio, decía continuamente: "Cristo no nos pide un poco de bondad, sino mucha bondad. Pero quiere que lleguemos a ella no a través de acciones extraordinarias, sino con acciones comunes, aunque el modo de ejecutar tales acciones no debe ser común". Allí "nel bel mezzo della strada", en la oficina, en la fábrica, nos hacemos santos a poco que hagamos el propio deber con competencia, por amor de Dios, y alegremente, de manera que el trabajo cotidiano se convierta no en una "tragedia cotidiana", sino en la "sonrisa cotidiana". Cosas parecidas había enseñado más de trescientos años atrás San Francisco de Sales. Desde el púlpito un predicador había quemado públicamente el libro en el cual el santo explicaba que, con ciertas condiciones, el baile podía ser lícito y, hasta contenía un capítulo entero dedicado a "la honestidad del lecho matrimonial". Escrivá de Balaguer supera en muchos aspectos a Francisco de Sales. Este, también propugna la santidad para todos, pero parece enseñar solamente una "espiritualidad de los laicos", mientras Escrivá quiere una "espiritualidad laical". Es decir, Francisco sugiere casi siempre a los laicos los mismos medios practicados por los religiosos con las adaptaciones oportunas. Escrivá es más radical: habla directamente de "materializar" —en buen sentido— la santificación. Para él, es el mismo trabajo material, lo que debe transformarse en oración y santidad. El legendario Barón de Münchausen narraba la leyenda de una liebre monstruosa, que tenía dos series de patas: cuatro debajo del vientre, cuatro sobre la espalda. Perseguida por los cazadores y sintiéndose casi alcanzada, se daba la vuelta, continuando la carrera con las patas frescas. Para el fundador del Opus Dei es monstruosa la vida de los cristianos que desean una doble serie de acciones: una hecha de oraciones a Dios, la otra de trabajo, de diversiones, de vida familiar para sí mismos. No —dice Escrivá—, la vida es única, debe ser santificada por entero. Por eso habla de espiritualidad "materializada". Y habla también de un justo y necesario "anticlericalismo" en el sentido de que los laicos no deben apropiarse de los métodos y oficios de los sacerdotes y de los frailes, y viceversa. Creo que él había heredado este "anticlericalismo" de sus progenitores, especialmente de us padre, un caballero a toda prueba, trabajador, cristiano ferviente, enamoradísimo de su mujer y siempre sonriente. "Lo recuerdo siempre sereno —escribió su hijo— a él le debo la vocación... Por eso soy paternalista". Otro impulso "anticlerical" le vino probablemente de las investigaciones hechas para su tesis doctoral en derecho canónico sobre el monasterio femenino cisterciense de las Huelgas, cerca de Burgos. Allí, la abadesa era al mismo tiempo señora, superiora, prelado, gobernador temporal del monasterio, del hospital, de los conventos, iglesias y aldeas dependientes con jurisdicción y poderes reales y cuasi episcopales. Un "monstrum" también por los múltiples encargos contrapuestos y sobrepuestos. Así acumulados, estos trabajos no eran adecuados para hacer —como quería Escrivá— trabajos de Dios. Porque —decía— ¿cómo puede ser un trabajo "de Dios" si está mal hecho, de prisa y sin competencia? Un albañil, un arquitecto, un médico, un profesor, ¿cómo puede ser santo si no es también, en lo que de él depende, un buen albañil, un buen arquitecto, un buen médico, un buen profesor? En la misma línea escribía Gilson en 1949: "Nos dicen que ha sido la fe la que construyó las catedrales en la Edad Media; de acuerdo... pero también la geometría tiene su parte". Fe y geometría, fe y trabajo hecho con competencia para Escrivá caminan tomados del brazo; son las dos alas de la santidad. Francisco de Sales confió sus teorías a los libros. Escrivá hizo otro tanto pero utilizando sólo fragmentos de tiempo. Si le venía de improviso una idea o frase significativa, sin interrumpir la conversación, sacaba del bolsillo una pequeña agenda y escribía rápidamente una palabra, media línea, que más tarde utilizaría para el libro. A la propagación de su gran proyecto de espiritualidad, además de sus muy difundidos libros, dedicó una actividad tenacísima y organizó la asociación Opus Dei. "Dad un clavo a un aragonés —dice el proverbio— y lo clavará con su cabeza". Pues bien "yo soy aragonés —escribió— es necesario ser tenaces". No perdía un minuto de tiempo. En España, antes, durante y después de la Guerra Civil, pasaba de las lecciones dadas a los universitarios a cocinar, a limpiar los pisos, a hacer las camas, a atender a los enfermos. "Yo tengo sobre mi conciencia —y con orgullo lo digo— el haber dedicado muchos, muchos millares de horas a confesar niños en las barriadas pobres de Madrid. Venían con los moquitos hasta la boca. Había que empezar limpiándoles la nariz antes de limpiarles un poco aquellas pobres almas". Así ha escrito, demostrando que "la sonrisa diaria" la vivía de verdad. Ha escrito también "me iba a la cama muerto de cansancio. Al levantarme, todavía cansado, por la mañana, me decía: Josemaría, antes de almorzar dormirás un poco. Y cuando salía a la calle, añadía contemplando el panorama de trabajo que se me echaba encima aquel día: Josemaría te he engañado otra vez". Pero su gran trabajo, fue fundar y continuar el Opus Dei. El nombre vino por casualidad. "Es necesario trabajar duro: ésta es una obra de Dios", le dijo uno. "Este es el nombre justo —pensó—, obra no mía, sino de Dios, Opus Dei". Esta obra creció bajo sus ojos hasta extenderse a todos los continentes: empezó entonces el trabajo de sus viajes intercontinentales para las nuevas fundaciones y para las conferencias. La extensión, el número y la calidad de los miembros del Opus Dei han hecho pensar en alguna mira de poder, en la férrea obediencia de los gregarios. Lo contrario es lo verdadero: existe sólo el deseo de hacer santos, pero con alegría, con espíritu de servicio y con gran libertad. "Somos ecuménicos Santo Padre, pero no hemos aprendido el ecumenismo de su Santidad", se permitió un día decir Escrivá al Papa Juan. Este sonrió: sabía que desde 1950 el Opus Dei tenía el permiso de Pío XII de recibir, como cooperadores asociados a los no católicos y a los no cristianos. Escrivá fumaba siendo estudiante. Al ingresar al seminario, le regaló las pipas y el tabaco al portero y no fumó nunca más. Pero el día en que fueron ordenados los tres primeros sacerdotes del Opus Dei dijo: "Yo no fumo; vosotros tres tampoco; —y dirigiéndose a Don Álvaro— tienes que fumar tú, porque, si no, vuestros hermanos podrían pensar que no está bien el tabaco, y quiero que los demás no se sientan coaccionados en esto y fumen si les da la gana". Sucede alguna vez que alguno de los miembros —a quienes el Opus Dei únicamente ayuda a tomar responsablemente opciones libres— asciende a algún cargo importante. Esto es asunto suyo, no del Opus Dei. Cuando en 1957 una alta personalidad envió a Escrivá sus felicitaciones porque un socio había sido nombrado ministro en España, obtuvo esta respuesta más bien seca: "¿Qué me importa a mí que sea ministro o barrendero? Lo que me importa es que se santifique con su trabajo". En esta respuesta está todo Escrivá y el espíritu del Opus Dei: que uno se santifique con su trabajo; aunque sea de ministro... si ha sido puesto en ese cargo, que se santifique de verdad. El resto importa poco».
Intervención en la cuestión jurídica de la Obra (septiembre de 1978) A. de Fuenmayor, V. Gómez-Iglesias, J.L. Illanes, El itinerario jurídico del Opus Dei, p. 422 «En septiembre de 1978, don Álvaro del Portillo comunicó al Santo Padre Juan Pablo I —que había sido elegido el 26 de agosto— que se acercaba el 50 aniversario de la fundación del Opus Dei, informándole a la vez del problema institucional aún no resuelto. El Santo Padre respondió que deseaba que se procediera con rapidez al estudio de la anhelada solución jurídica. El fallecimiento repentino del Papa, el 28 de ese mismo mes, volvió a dejar en suspenso la cuestión».
Carta del Secretario de Estado, de parte del Papa, después de la audiencia del 24-I-1964: en Ana Sastre, Tiempo de caminar, p. 484 «Cumpliendo ahora el venerado encargo del Padre Santo, me es grato significarle que Él, en hora densa de acontecimientos y de esperanzas para la Cristiandad, experimenta profundo consuelo al saber cómo tan crecido número de personas, diseminadas en los cinco continentes, practicando los altos ideales que el Opus Dei les propone, tan acomodados a las exigencias de los nuevos tiempos, tratan de servir a la Iglesia como ella desea ser servida; con su conducta personal y profesional vigorosamente cristiana que une la contemplación a la acción, con el sublime afán de plasmar y de difundir en los más variados ambientes de trabajo los postulados de la verdad y santidad Evangélicas». Quirógrafo de Pablo VI a San Josemaría, 1-X-1964, entregado en la segunda audiencia: en Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, p. 333) «En sus palabras hemos advertido la vibración del espíritu encendido y generoso de toda la Institución, nacida en este tiempo nuestro como expresión de la perenne juventud de la Iglesia». Quirógrafo de Pablo VI a nuestro Padre, 1-X-1964, entregado en la segunda audiencia en Ana Sastre, Tiempo de caminar, p. 484 «Consideramos con paterna satisfacción cuanto el Opus Dei ha realizado y realiza por el Reino de Dios; el deseo de hacer el bien, que lo guía; el amor encendido a la Iglesia y a su Cabeza visible, que lo distingue; el celo ardiente por las almas, que lo empuja hacia los arduos y difíciles caminos del apostolado de presencia y de testimonio en todos los sectores de la vida contemporánea».
Relación con Mons. Montini antes de que fuera Papa Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, p. 447 «Escrivá no puede dejar de recordar que Pablo VI, siendo todavía monseñor Montini, fue "la primera mano amiga que yo encontré aquí en Roma; la primera palabra de cariño para la Obra, que se oyó en Roma, la dijo él"». Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo, pp. 112-113 «Pablo VI manifestó gran aprecio a don Álvaro [...]. Se habían conocido en 1943, y tuvieron la primera conversación detenida el 17 de junio. Mons. Montini le recibió a la una y media de la tarde y, a pesar de lo avanzado de la hora para las costumbres italianas, la entrevista duró más de cuarenta minutos. Álvaro, todavía seglar, le explicó los rasgos más destacados del espíritu del Opus Dei, que Mons. Montini comprendió muy bien. Le regaló también un ejemplar de Camino. Por su parte, Mons. Montini le entregó unas medallas conmemorativas del jubileo de Pío XII, y le prometió que rezaría por la Obra». José Orlandis, Memorias de Roma en guerra, pp. 112-113 «Mons. Montini se interesaba muy vivamente por el Opus Dei, y ese interés se hizo más patente en el año 1945, cuando la terminación de la Guerra Mundial abría perspectivas para un próximo comienzo de la labor de la Obra en Roma y en toda Italia. De dos audiencias que en ese año nos concedió a Salvador y a mí, guardo especial memoria. Me parecieron importantes para la historia del Opus Dei, y por esa razón recogí con más detalle en el "diario" los temas que se abordaron en esas visitas. La primera tuvo lugar el 21 de enero y se prolongó durante media hora. Le habíamos llevado un ejemplar de Camino, que acabábamos de recibir, y de lo que Mons. Montini nos dijo escribí: "Pregunta con mucho interés por la Obra, por su fundación, por el Padre, etc... Insiste mucho en la conveniencia de que el Padre venga cuanto antes a Roma, y pide que se comience pronto a trabajar con los universitarios romanos. Añade que la Obra tiene una misión trascendental que cumplir en el mundo y constituye una verdadera esperanza para la Iglesia". Monseñor, antes de despedirnos, añadió que hablaría al Santo Padre de esta visita y que sería conveniente que tuviéramos otra audiencia con el Papa antes de regresar a España. Él mismo se encargará en su momento de prepararla. La segunda audiencia fue el 22 de julio, cuando el final de la guerra hacía presumir que el retorno a España podía ser inminente y que próximo pudiera estar también el comienzo de la labor del Opus Dei en Roma. Esta audiencia fue todavía más larga que la anterior —duró cuarenta y cinco minutos—, y ahora Salvador y yo tuvimos que llevar el peso de la conversación, porque Monseñor Montini quiso que le hiciéramos una minuciosa exposición tanto del espíritu como del estado y desarrollo de la Obra; y todavía formuló luego un sinfín de preguntas. Insistió una vez más en que el Fundador se trasladara a Roma lo antes posible, y nos hizo una petición que dejaba adivinar no ya sólo el interés, sino el entrañable afecto que sentía hacia el Opus Dei: nos dijo que deseaba tener una fotografía del Padre. Le enseñamos las pocas de que disponíamos y se quedó con una, en la que don Josemaría Escrivá paseaba por una calle de San Sebastián, charlando con un joven estudiante». Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, p. 27 «Como si intuyera que tarde o temprano Pío XII y el fundador del Opus Dei van a tener una continuada relación, Montini empieza ya a "alfombrar" este primer encuentro, con un detalle humano: estando un día con Salvador Canals y otros dos de la Obra, les pide "alguna fotografía del fundador, para poder enseñársela al Papa". Uno de ellos se lleva rápidamente la mano al bolsillo interior de la chaqueta. Saca su billetera. Busca con rapidez y enseguida muestra a Montini una foto pequeña del Padre, de ésas tipo carné que llevan un festón puntiagudo en los bordes. Por un momento duda si es correcto o no hacer llegar hasta las manos del Santo Padre esa fotografía, así, como está: algo amarillenta y escrita por detrás... Montini no puede evitar una sonrisa de asombro, al leer la curiosa dedicatoria que Escrivá trazó al dorso de la cartulina: "Bandido: ¿cómo te portas con tus padres?"».
José Orlandis, Mis recuerdos, p. 151 «El lunes, 8 de julio, el Padre tuvo su primera y cordialísima entrevista con Mons. Montini, en la Secretaría de Estado. Algunos días después —el martes, 16— fue recibido en audiencia por el Papa Pío XII. Todavía, avanzado el mes de agosto, volvería el Padre a entrevistarse con Mons. Montini y seguiría en Roma trabajando, a pesar de los calores del "Ferragosto" y del empeoramiento de su estado de salud». Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, p. 16 «Recuerdo que pocos días después de su llegada a Roma le recibió Mons. Montini, entonces Sustituto de la Secretaría de Estado. Nuestro Fundador le habló extensamente de la Obra, y le contó algunas anécdotas apostólicas. Mons. Montini aseguró que enseguida se las referiría al Santo Padre: "Aquí llegan solamente penas y dolores, y el Papa se alegrará mucho cuando conozca tantas cosas buenas que están haciendo ustedes"».
Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, pp. 17-18 «Una vez obtenida la aprobación pontificia del Opus Dei, me pareció oportuno pedir a la Santa Sede, en calidad de Procurador General y en nombre del Consejo General de la Obra, el nombramiento de Prelado doméstico para nuestro Fundador. El entonces monseñor Montini no sólo aprobó mi iniciativa, sino que la hizo suya. Estábamos al comienzo de 1947. Como conocía bien la humildad del Padre, hice las gestiones sin informarle previamente. En la primavera de ese año llegó una carta de Mons. Montini con el nombramiento del Fundador del Opus Dei como Prelado doméstico. Estaba fechado el 22 de abril de 1947. Mons. Montini alababa al Opus Dei y a su Fundador, y añadía que la Obra era una esperanza para la Iglesia. [...] Después nos enteramos de que Mons. Montini había tenido también la delicadeza de pagar de su bolsillo las tasas por el nombramiento».
Primera audiencia de Pablo VI a San Josemaría (24-I-1964) Ana Sastre, Tiempo de caminar, p. 483 «El 24 de enero de 1964, el Santo Padre Pablo VI recibe, en audiencia privada, al Fundador del Opus Dei. Cuando llega ante el Papa, intenta arrodillarse para saludarle como prescribe el protocolo. Pero Su Santidad no se lo permite: antes, le rodea con sus brazos en un gesto de cariño y cordialidad [...]. Casi al final de la entrevista, dice al Papa que, fuera, está don Álvaro del Portillo. Pablo VI manda enseguida que entre: —Don Álvaro...: ¡Nos conocemos ya desde hace veinte años!... —Santidad, sólo de dieciocho. —Da allora sono diventato vecchio (desde entonces me he vuelto viejo). —Ma no, Santità: è diventato Pietro (No, Santidad: se ha vuelto Pedro)».
Appunto riservato all'Augusta Persona del Santo Padre (14-II-1964) Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, pp. 91-92 «El 14 de febrero de 1964 el fundador escribe al Papa una "nota de conciencia", un Appunto riservato all'Augusta Persona del Santo Padre. Ahí, entre otros asuntos, le propone alguna modificación del texto de las constituciones, que rigen para la Obra desde 1950 [...]. Tras la "nota reservada" al Papa hay una primera respuesta oficial, que es un dilata. Al fin, cuanto menos, ese breve vocablo elegantemente vago, en la diplomacia vaticana no significa un cierre de puertas, sino que la posibilidad queda en pie... para más adelante. No es un "no". Es un "todavía no". No obstante, Pablo VI le hace ver a Escrivá que en el desarrollo del Vaticano II pueden abrirse nuevas vías que hagan posible la deseada solución institucional del Opus Dei».
Segunda audiencia (10-X-1964) Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, p. 450 «El 10 de octubre de 1964, durante una audiencia con Pablo VI, el Papa da a entender a monseñor Escrivá que la solución jurídica para la Obra puede salir en breve, en alguno de los documentos conciliares que se están elaborando». Ana Sastre, Tiempo de caminar, p. 484 «El 10 de octubre de 1964, el Fundador de la Obra es recibido de nuevo en audiencia privada por Pablo VI. Al final, también quiere que entre don Javier Echevarría, que es quien acompaña esta vez al Padre, para demostrarle su afecto, decirle palabras de buen humor y bendecirle. Una fotografía que se conserva en la Sede Central de Roma, mantiene vivo el recuerdo de esta larga conversación, de la que el Fundador sale muy conmovido por tantas cosas buenas como el Romano Pontífice ha dicho de la Obra. Además, Pablo VI le entrega un cáliz en cuya base campea el escudo pontificio y un "Chirografo" (carta manuscrita)».
Javier Echevarría, Memoria del Beato Josemaría Escrivá, p. 346 «No puedo olvidar su júbilo cuando salió de la audiencia del 10 de octubre en 1964, en la que Pablo VI le entregó un quirógrafo, en el que se alaba la labor del Opus Dei, y le obsequió con un cáliz igual al que había regalado al Patriarca Atenágoras».
Visita al ELIS (21-XI-1965) Cesare Cavalleri: en Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, p. 19 «Aún tengo fresco en mi memoria el recuerdo de aquella visita de Pablo VI al Centro Elis el 21 de noviembre de 1965, día de su inauguración [...]. Junto al Elis está la iglesia parroquial de San Giovanni Battista al Collatino, confiada a sacerdotes del Opus Dei. El Papa se entretuvo en la visita bastante más tiempo del previsto. Celebró la Santa Misa, bendijo una imagen de la Virgen destinada a la Universidad de Navarra y visitó detenidamente los locales del centro». Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, p. 448 «Acude al Tiburtino, para inaugurar solemnemente el Centro ELIS, que ya está construido y funcionando, junto con una amplia residencia, una escuela hotelera y una parroquia anexa, encomendada también a sacerdotes de la Obra. Disfruta Pablo VI en ese acto. Recuerda que, años atrás, recién terminada la guerra mundial, pasaba él por ese barrio romano. Unos muchachos callejeros le suplicaron: —¡Denos trabajo! ¡Denos trabajo! —¿Qué sabéis hacer? —Todo... Bueno... nada. La respuesta no pudo ser más lacerante. Ahora ve hecha realidad una satisfacción a aquella demanda. Y como Escrivá le pide la bendición para todos los que están allí, en esos nuevos edificios, Pablo VI le propone: "benediciamo insieme", bendigamos juntos, los dos a la vez. Escrivá, conmovido por esa deferencia del Papa, se hinca de rodillas y baja la cabeza. Poco después, cuando Pablo VI se despide, ya en la puerta, monseñor Escrivá vuelve a arrodillarse sobre el suelo mojado por la lluvia, para besarle el anillo. Pero el Papa, asiéndole por los codos, lo levanta con energía y, mientras le abraza, dice: "Tutto, tutto qui è Opus Dei!" ¡Todo, todo aquí es Opus Dei!».
Josemaría Escrivá, tertulia en Tajamar, Madrid, 1-X-1967: en Lázaro Linares, Antes, más y mejor, p. 163 «Pablo VI, que tiene esa inquietud por la paz, este amor, este afán por los humildes, este deseo de que haya igualdad en el mundo, de que a nadie le falte nada, me dijo por medio del Cardenal Dell'Acqua que quería inaugurar el Tiburtino antes que se cerrara el Concilio, para que los obispos del mundo vieran cómo quería él al Opus Dei y a la gente necesitada de elevar su posición social, ¡que tiene derecho y no encuentra los medios para ejercitar ese derecho!».
Audiencia a San Josemaría (25-VI-1973) Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, pp. 430-431 «El Papa está consternado. El Papa está triste. Intenta parar el proceso de deterioro, de desvirtuación, de anarquía... Es como si la Iglesia se le fuera de las manos. Josemaría Escrivá piensa que éste es el momento de ir a consolar y a confortar al Padre común. El 25 de ese mismo mes de junio, va a visitarle: una audiencia privada que —rompiendo los protocolos de reloj— durará más de hora y cuarto. En cuanto el fundador del Opus Dei ve al Papa, se clava con las dos rodillas sobre el enlosado de mármol. Pablo VI se conmueve ante ese desusado gesto de fe y de sumisión filial. Concentra vigor en sus brazos y tira físicamente de Escrivá hacia arriba, forzándole a levantarse. Después, sentados ya, monseñor Escrivá saca su pequeña agenda de bolsillo. Ahí lleva algunas notas de lo que quiere referirle al Papa: buenas y animadoras noticias de la perseverancia fiel de millares de hombres y mujeres de la Obra, y de los pujantes apostolados en tantos países, en tantos estratos de la sociedad, en tantos escenarios de la actividad civil. ¿Crisis sacerdotal? Este año de 1973, como el otro y el otro y el otro, desde 1944, se ordenará una nueva "hornada" de laicos profesionales, con su doble doctorado: el universitario civil y el eclesiástico. Medio centenar más de sacerdotes, cuya única ambición es... ser sacerdotes. No ha ido a pedirle nada al Papa: sólo quiere darle alegrías, alegrías... Y, una vez más, el corazón de Roma sabe, siente, que hay "una partecica de la Iglesia" donde la mano de Pedro se puede apoyar con firmeza».
Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, pp. 19-20 «El Padre habló al Papa de temas muy sobrenaturales, y le puso al día sobre el desarrollo de la Obra y los frutos que el Señor concedía en todo el mundo. Pablo VI se alegró mucho, y a veces le interrumpía dejándose llevar por algún elogio o simplemente exclamando: "Usted es un santo". Lo sé porque, al terminar la audiencia, vi que el Padre tenía un aspecto más bien apesadumbrado, casi triste. Le pregunté el motivo, pero en un primer momento no quiso responderme. Después me contó que el Papa le había dicho aquellas palabras y se había llenado de vergüenza y de dolor por sus propios pecados hasta el punto de protestar filialmente al Papa: "No, no. Vuestra Santidad no me conoce. Yo soy un pobre pecador. Pero el Papa le insistió: "No, no, usted es un santo". Entonces el Fundador replicó lleno de emoción: "En la tierra no hay más que un santo: el Santo Padre"».
Álvaro del Portillo, Carta, 28-XI-1982, en Rendere amabile la verità, pp. 73-74 «En una audiencia privada, tenida el 25 de junio de 1973, nuestro Padre informó al Papa Pablo VI de la buena marcha del Congreso General Especial. El Papa escuchó con alegría esas noticias, y animó a nuestro Fundador a que siguiera adelante, en vista de la definitiva solución jurídica del problema institucional de la Obra».
Mensaje a través del doctor Piazza Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, pp. 460-461 «Desde hace años, y con una intensidad progresiva, Escrivá ofrece a Dios su propia vida —"¡y mil vidas que tuviera!", suele añadir, como si una sola le pareciera poco— a modo de do ut des para que en la Iglesia "se abrevie el tiempo de la prueba". No es un ofrecimiento gaseoso o fruto de un momento de especial fervor. Lo renueva cada mañana, con intención consciente, al celebrar la misa. El mismo día de su muerte, a las nueve y veinticinco de la mañana, antes de salir en coche hacia Villa delle Rose (Castelgandolfo), llama a dos hijos suyos, miembros del Consejo general: Giuseppe Molteni, seglar, y Francisco Vives, sacerdote. Les explica que el doctor Ugo Piazza, médico y amigo personal del Papa, desea hablar con alguien de la Obra. A este hombre le han diagnosticado un cáncer irreversible, con un pronóstico de pocos meses de vida. Escrivá quiere ir a visitarle. Pero antes, para atenderle en lo que desee, los envía a ellos. Además, les confía un mensaje muy concreto, que el doctor Piazza ha de transmitir a Pablo VI, si tiene ocasión de verle o de hablar con él por teléfono: "Que todos los días, desde hace años, ofrezco la Santa Misa por la Iglesia y por el Papa. Podéis asegurarle —porque me lo habéis oído decir muchas veces— que he ofrecido al Señor mi vida por el Papa, cualquiera que sea. Nosotros estamos callados y procuramos trabajar mucho y con paz, aunque en la Iglesia haya algunos que no nos ven con simpatía". Nada más despedir a Molteni y a Vives, comunica por el teléfono interior con Carmen Ramos, la Secretaria central, que a esa hora está trabajando en su oficina de La Montagnola. Le hace el mismo encargo. Con idénticas palabras, pero indicándole que hable con la hija del doctor Piazza».
Audiencias a Álvaro del Portillo Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, p. 18 «Pude comprobar de modo particularísimo el afecto de Pablo VI al Padre cuando me recibió después de haber sido llamado a suceder al Fundador. Pablo VI me habló del Padre con admiración y dijo que estaba convencido de que había sido un santo. Me confirmó que desde muchos años antes leía Camino a diario y que le hacía un gran bien a su alma, y me preguntó a qué edad lo había publicado nuestro Fundador. Le respondí que lo había dado a la imprenta cuando tenía treinta y siete años, pero precisé que el núcleo del libro ya había aparecido con el título de Consideraciones espirituales en 1934, y lo había redactado un par de años antes, es decir, a la edad de treinta años. El Papa se quedó un momento pensativo y después observó: "Entonces lo escribió en la madurez de su juventud"».
Ana Sastre, Tiempo de caminar, pp. 643-644 «El 5 de marzo de 1976, el Papa concede una audiencia a don Álvaro del Portillo. Acaban de dar las doce de la mañana. Unos minutos después, es introducido ante Pablo VI. El Romano Pontífice le recibe en pie, apoyado sobre la mesa de trabajo. Levanta sus brazos, cuando le tiene cerca, y le felicita con gran cariño. —"Santidad, agradezco mucho esta felicitación, pero yo pido al Santo Padre que tenga conmigo la caridad de concederme su Bendición Apostólica y sus oraciones. Porque soy el sucesor de un santo, y eso no es nada fácil. —Ma adesso il santo è in Paradiso, e ci pensa lui; ahora el santo está en el Cielo, y él se preocupa de llevar la Obra adelante". Durante una hora larga el Papa hablará con don Álvaro, afirmando que Monseñor Escrivá de Balaguer es uno de los hombres que han recibido más carismas, más gracias de Dios, a lo largo de toda la historia de la Iglesia, y que siempre ha respondido con generosidad, fiel a esos dones divinos. Y añadirá que, si quieren ser fieles a la Iglesia... han de ser muy fieles al espíritu de su Fundador. Y continúa: "Usted, siempre que deba resolver algún asunto, póngase en presencia de Dios, y pregúntese: en esta situación, ¿qué haría mi Fundador?; y obre en consecuencia. Diga a todos sus hijos y a todas sus hijas que, siendo fieles al espíritu del Fundador, servirán a la Iglesia —como la han servido hasta ahora— con eficacia, con profundidad, con extensión". Luego se preocupará de que sus escritos, palabras, enseñanzas estén recogidos y a salvo de cualquier pérdida, porque... "es un tesoro, no solamente para el Opus Dei, sino para toda la Iglesia". Monseñor Álvaro del Portillo relata a Pablo VI anécdotas del Padre, el carácter de sus últimas y masivas reuniones en el mundo entero, la variedad de hijos que componen la Obra... Y le entrega unas fotografías del reciente terremoto de Guatemala. Una familia, menguada por la desgracia, trabajadores de la tierra, reza junto a los escombros de su casa. Tienen hijos en el Opus Dei». Álvaro del Portillo, Carta, 28-XI-1982, en Rendere amabile la verità, p. 75 «En la primera audiencia que me concedió el Papa Pablo VI, el 5 de marzo de 1976 —y lo mismo en la sucesiva, del 19 de junio de 1978—, sin pedir nada —en espera de presentar formalmente la solicitud al competente Dicasterio romano—, mencioné las deliberaciones del Congreso General Especial de la Obra sobre este tema. Añadí también —en la primera de esas dos audiencias— mi intención de dejar pasar algún tiempo, a no ser que el Santo Padre me mandase lo contrario. Pablo VI se mostró de acuerdo con mi decisión, y me confirmó que la "cuestión continuaba abierta". Lo mismo me repitió en la segunda audiencia, y me animó ya a presentar la oportuna solicitud, siguiendo con fidelidad absoluta el espíritu de nuestro Fundador y a la luz de los enriquecimientos aportados al derecho general de la Iglesia por los Decretos conciliares. Con esa indicación del Santo Padre, comenzaba la etapa decisiva de este iter jurídico, pero Pablo VI murió dos meses más tarde, en agosto, antes de que me fuese posible presentar la deseada solicitud».
Pablo VI y la causa de canonización de San Josemaría Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, p. 20 «Mons. Carlo Colombo, asesor teológico y amigo personal de Pablo VI, ha testimoniado que el Santo Padre le animó a escribir la carta postulatoria para la apertura del proceso de beatificación del Fundador del Opus Dei. Estas son sus palabras: "En el curso de un encuentro con Pablo VI, donde se trataron varios temas, tuve la oportunidad de expresar al Pontífice mi intención de dirigir una carta postulatoria solicitando el inicio del proceso canónico que introdujese la causa de Mons. Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei. Sentí el deber de comunicar al Papa que pensaba dirigirle una carta postulatoria, que no habría escrito si personalmente no hubiera tenido serios motivos para hacerlo: no podía permitirme defraudar la íntima confianza que me tenía el Papa. Pablo VI me dio su pleno asentimiento y aprobación, por la gran estima que sentía por el Siervo de Dios, de quien conocía el gran deseo de hacer el bien que le movía, su amor ferviente a la Iglesia y a su Cabeza visible, y el celo ardiente por las almas"».
Testimonio del cardenal Dell'Acqua Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, p. 430 «Si me llamasen a declarar en los procesos de beatificación de Pío XII y de Juan XXIII, yo no tendría más remedio que hablar del grandísimo afecto que estos Romanos Pontífices —¡los dos!— tuvieron al Opus Dei. Me lo dijeron —uno y otro— expresamente, y considero un deber de conciencia que en el acta de la Historia conste la realidad de ese cariño».
Viaje a España en 1954, siendo Patriarca de Venecia Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, p. 328 «Aunque la carrera eclesiástica del cardenal Roncalli había transcurrido en misiones diplomáticas en el Oriente Próximo, y luego se le destinó a la nunciatura de París (diciembre de 1944 a febrero de 1953), tuvo ocasión de oír hablar de la Obra. Siendo Patriarca de Venecia vino a España en peregrinación, entonces cenó en el Colegio Mayor "La Estila", en Santiago de Compostela. E impresionado por el ambiente y alegría que se respiraba en esa residencia universitaria, dirigida por miembros del Opus Dei, puso en el libro de firmas un elocuente autógrafo, con fecha de 23 de julio de 1954. Y durmió en la residencia de "Miraflores", en Zaragoza, también dirigida espiritualmente por el Opus Dei. Estancias en las que conoció mejor lo ya sabido por referencia». Ana Sastre, Tiempo de caminar, p. 456 «Años más tarde le comentará al Padre que le llamaron la atención la alegría y el buen espíritu que reinaban en las dos casas. Pensó que se trataba de una peculiaridad del carácter español, pero luego vio que era una característica de la Obra». Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, p. 442 «Durante esa estancia en Galicia, Roncalli anotó en su diario, el 23 de julio de 1954: Cena a sera col Card. Feltin nell'Opus Dei, istituzione nuova per me, interessante ed edificante».
Primera audiencia a San Josemaría. 5-III-1960 Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, p. 445 «El 5 de marzo de 1960, Escrivá acude al Vaticano, llamado a audiencia por Juan XXIII. Durante la conversación, con humor socarrón y gesticulando muy expresivamente, el Papa le comenta: —La primera vez que oí hablar del Opus Dei me dijeron que era una institución imponente e che faceva molto bene. La segunda vez, que era una institución imponentissima e che faceva moltissimo bene. Estas palabras me entraron por los oídos, pero... el cariño por el Opus Dei se quedó en mi corazón. Juan XXIII no es un Papa envarado y distante. Por el contrario, su campechanía abre puertas a la confianza y facilita el diálogo. En cierto momento, Escrivá de Balaguer le explica los farragosos trámites y las largas esperas que hubo de soportar durante veinte años, hasta que la Santa Sede dio su visto bueno a que en el Opus Dei hubiera «cooperadores» no católicos, e incluso no cristianos. Juan XXIII, buen conocedor de la alambicada burocracia vaticana, ríe a carcajadas con el relato vivaz en el que se contraponen la impaciencia de Escrivá y la lenta maquinaria de la curia. Pero al fundador del Opus Dei lo que le importa subrayar es el fenómeno novedoso de que gente de otras religiones puedan cooperar con una obra de la Iglesia Católica. Por ello, y aunque la entrevista se produce dos años antes de iniciarse el Concilio Ecuménico, Escrivá dice a Juan XXIII: —En nuestra Obra siempre han encontrado todos los hombres, católicos o no, un lugar amable. Como ve, no he aprendido el ecumenismo de Vuestra Santidad: lo he aprendido del Evangelio».
Segunda audiencia. 27-VI-1962 Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, pp. 16-17 «A la audiencia privada concedida por Juan XXIII el 27 de junio de 1962, le acompañó don Javier Echevarría. Fue una conversación a solas, entre el Papa y el Fundador del Opus Dei. Sé que hablaron largamente sobre el espíritu y la actividad de la Obra en el mundo, y que pocos días después, el 12 de julio de 1962, el Padre escribió una carta a todos sus hijos del mundo entero pidiéndoles que se unieran al agradecimiento que en justicia sentía hacia Juan XXIII, por haberle ofrecido una vez más el honor y la gloria de ver a Pedro». Ana Sastre, Tiempo de caminar, p. 458 «En junio de 1962, Monseñor Escrivá de Balaguer será recibido, una vez más, por Su Santidad el Papa. Recordando esta inolvidable audiencia, el Padre escribe con emoción y alegría: "Os diré, sin embargo, que de este encuentro del hijo con el Padre han quedado guardados en mi mente y en mi corazón todos los pormenores. Más aún: así como el Apóstol Juan conservó un nítido y vivo recuerdo, fruto de un gran amor, de todos lo pormenores de sus encuentros con el Maestro (y este recuerdo llega incluso a precisar la hora de la divina llamada: hora erat quasi decima); del mismo modo yo, en mi modestia, vuelvo con mi recuerdo a esta Audiencia, y guardo de ella hasta el más mínimo detalle: no solamente el día y la hora, sino también la mirada atenta y llena de paterna benevolencia, el gesto suave de la mano, el calor afectuoso de su voz, la alegría grave y serena reflejada en su semblante... Quisiera de verdad, queridísimos hijos, que todos vosotros sintierais la misma alegría que yo y quedaseis inmensamente agradecidos al Papa Juan XXIII por su bondad y benevolencia (...). El Santo Padre Juan XXIII, Pastor común (...) que además ha sido el Pontífice de la Encíclica Mater et Magistra y será el gran Papa del Concilio Ecuménico Vaticano II, nos tiene a todos en su corazón. Nos conoce y nos comprende perfectamente"».
Nombramiento como Consultor para la interpretación del Código Peter Berglar, Opus Dei, p. 251 «En 1961, Juan XXIII nombró a Monseñor Escrivá Consultor de la Comisión para la interpretación auténtica del Código de Derecho Canónico».
Afecto de Josemaría Escrivá por Juan XXIII, durante su enfermedad Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, pp. 446-447 «Mientras Juan XXIII agoniza, Escrivá reza con fuerte intensidad. Esos días, altera su horario, adelantando la misa para poder ofrecerla por el Papa todavía vivo... o como sufragio madrugador, si falleciera por la noche». Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, p. 17 «Durante la dolorosa enfermedad de Juan XXIII, Mons. Angelo Dell'Acqua contó al Padre —le manifestó siempre gran confianza— algunos detalles de cómo cuidaba al Papa. Por ejemplo, mientras estaba junto a la cabecera de su lecho, el Papa le tomaba la mano, y cuando hacía gesto de irse y le soltaba, exclamaba: "Angelino, no me dejes". El Padre se entristecía al pensar en la soledad en que se encontraba el Papa y daba las gracias de todo corazón a Mons. Dell'Acqua, que, con los más íntimos colaboradores de la casa pontificia, atendían con tanto cariño al Papa Juan XXIII durante sus últimos días».
Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, pp. 21-22 «El Padre se alegró mucho por la convocatoria del Concilio Vaticano II y, apenas Juan XXIII la hizo pública, le envió inmediatamente una carta llena de gratitud. Entre otras cosas, preveía que el Concilio colmaría la laguna teológica sobre el papel de los laicos en la Iglesia, como de hecho sucedió. Pensó que podían convocarle en calidad de presidente general de un Instituto Secular, pues ésa era entonces la configuración jurídica del Opus Dei. En ese caso debería participar como Padre Conciliar junto a otros superiores de Instituciones incluidas en el estado de perfección. Aunque deseaba muchísimo intervenir personalmente en las reuniones conciliares, no le pareció conveniente tomar parte a título de presidente de un Instituto Secular. De hecho podría significar, si no la aceptación de un estatus jurídico inadecuado a la naturaleza de la Obra, al menos un dato que constituiría un precedente poco favorable para la futura revisión del encuadramiento canónico del Opus Dei. Expuso a la Curia los motivos por los que no consideraba prudente participar en el Concilio, y su decisión fue bien comprendida. Entonces Mons. Loris Capovilla le invitó a intervenir como perito del Concilio, trasladando el deseo del Santo Padre Juan XXIII. Nuestro Fundador reiteró una vez más su disponibilidad total e incondicionada, pero, después de haber agradecido la invitación, explicó las razones por las que preferiría no aceptar, sometiéndose, en todo caso, a la decisión del Papa. En resumen eran éstas: por un lado, no podría dedicar a esta misión todo el tiempo necesario; por otro, varios hijos suyos obispos eran Padres conciliares, y resultaría chocante que interviniese como un simple perito: no se trataba ciertamente de una actitud de vanidad, sino del deseo de evitar malentendidos a la Santa Sede. Si el Fundador del Opus Dei hubiese aceptado el nombramiento de perito, tras haber rehusado el de Padre Conciliar, alguno podría pensar que lo que buscaba era moverse entre bastidores. En cambio, los que no estaban al corriente de la situación podrían pensar que al Opus Dei no se le concedía ninguna importancia eclesial. Al mismo tiempo, nuestro Fundador ofreció a la autoridad eclesiástica competente la colaboración de toda la Obra y de sus miembros, muchos de los cuales, efectivamente, participaron en la preparación y desarrollo del Concilio. Por lo que a mí se refiere, me exhortó a aceptar varios nombramientos de diversas Comisiones del Concilio y a poner todo mi empeño en esta tarea. Al comienzo de los trabajos fui nombrado perito conciliar, Secretario de la Comisión para la Disciplina del Clero y el Pueblo Cristiano, dentro de la cual tuve que intervenir muy activamente».
Donación de Villa delle Rose Ana Sastre, Tiempo de caminar, p. 459 «En Villa delle Rose, Castelgandolfo, el Fundador mandará poner una lápida como testimonio de agradecimiento a la generosidad de este sucesor de Pedro que, entre otras cosas, donó definitivamente los terrenos en que se alza el Colegio Romano de Santa María».
Audiencia con un matrimonio de supernumerarios (1963) Ana Sastre, Tiempo de caminar, pp. 458-459 «Juan XXIII no verá finalizar las sesiones del Concilio Vaticano II. El 3 de junio de 1963 será anunciado su fallecimiento. Dos semanas antes había recibido en audiencia a un matrimonio —los dos miembros del Opus Dei— acompañado por sus hijos. El Santo Padre les habló de la grata impresión recibida durante su estancia en España, donde había tomado contacto por primera vez con la Obra. Y les dijo también que en Roma había podido tener un conocimiento más directo y más profundo; había visto los inmensos horizontes de la labor del Opus Dei, comprendiendo bien su trascendencia y universalidad. Les subrayó que recordaba con muchísimo cariño las veces que había podido hablar directamente con el Fundador».
Encargo de una labor social en el barrio Tiburtino François Gondrand, Al paso de Dios, p. 236 «Juan XXIII había decidido que los fondos recaudados para honrar a Pío XII con motivo de octogésimo aniversario se destinaran a una obra social en algún suburbio de Roma carente de instituciones educativas o asistenciales, y había encargado a algunos miembros del Opus Dei la realización y la dirección del proyecto».
Erección de la Universidad de Navarra François Gondrand, Al paso de Dios, pp. 221-222 «Como el Estado español tiene el monopolio de la enseñanza superior, la Santa Sede, utilizando por primera vez la facultad que le otorga el Concordato establecido en 1953, ha erigido el Estudio General de Navarra en Universidad de la Iglesia. El Fundador del Opus Dei, que iba a ser Gran Canciller de la Universidad, habría preferido que hubiese podido conservar su carácter civil, pero había aceptado de momento esta solución, porque así se lo pidieron expresamente en la Santa Sede. La ceremonia de erección tiene lugar el 25 de octubre en una sala gótica contigua al claustro de la catedral del Pamplona y se inicia con la lectura del correspondiente decreto, fechado el 6 de agosto de 1960 y firmado por el Cardenal Pizzardo en nombre del Papa Juan XXIII».
Testimonio del cardenal Dell'Acqua Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, p. 430 «Si me llamasen a declarar en los procesos de beatificación de Pío XII y de Juan XXIII, yo no tendría más remedio que hablar del grandísimo afecto que estos Romanos Pontífices —¡los dos!— tuvieron al Opus Dei. Me lo dijeron —uno y otro— expresamente, y considero un deber de conciencia que en el acta de la Historia conste la realidad de ese cariño».
Testimonio de Mons. Thomas Muldoon, obispo auxiliar de Sidney Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, pp. 15-16 «Pío XII manifestó su aprecio por el Fundador del Opus Dei en muchas ocasiones. Al cardenal Gilroy y a su obispo auxiliar les confió: "Es un verdadero santo. Un hombre enviado por Dios para nuestros tiempos". El auxiliar, Mons. Thomas Muldoon, después de la muerte del Padre, consignó este recuerdo en un testimonio escrito».
Primera audiencia (16-VII-1946) Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, pp. 27-28 «Pío XII había recibido ya dos veces a Álvaro del Portillo; y también, por separado, a los profesores de Derecho Orlandis y Canals; y al científico José María Albareda, cuya talla intelectual asombró al pontífice. Ahora se prepara la primera audiencia del Papa con Escrivá de Balaguer, que será muy pronto: el 16 de julio. Pío XII no sólo ha conocido, pues, a varios miembros de la Obra, sino que desde 1943 reza nominalmente por el fundador y tiene entre sus libros un ejemplar de Camino. En esa conversación privada, Escrivá de Balaguer explica al Papa qué es y qué no es el Opus Dei. Y, a partir de esa entrevista, Pío XII hace que se reanuden unos estudios jurídicos que desembocarán en la nueva constitución apostólica Provida Mater Ecclesia».
Audiencia con Carmen Escrivá de Balaguer y Encarnación Ortega (1947) Peter Berglar, Opus Dei, pp. 250-251 «Encarnación Ortega, que a principios de diciembre de 1946 llegó a Roma con otras mujeres del Opus Dei para, en su día, ocuparse de la administración de la sede central, narra una audiencia privada que Pío XII le concedió a ella y a Carmen, la hermana del Fundador, por deseo expreso de Mons. Escrivá y gracias al empeño del Secretario General, don Álvaro del Portillo, que estaba muy bien considerado en los ambientes vaticanos. La descripción es tan conmovedora como interesante, pues transmite algo de la afabilidad humana del Papa Pacelli y también de la despreocupada candidez de sus visitantes. "Nos acompañó don Álvaro como introductor en el Vaticano y para estar con nosotras mientras duró la espera. Fuimos pasando distintas guardias —la suiza, la palatina, la noble— y distintos salones. En el inmediato al que nos recibió el Santo Padre, había un silencio sepulcral..." Don Álvaro —sigue comentando Encarnación Ortega— enseguida comenzó a explicar a los componentes de la guardia noble lo que era el Opus Dei. Por fin, se pidió a las dos que entraran. "Pasamos nosotras. Después de besar, con la rodilla en tierra, la mano de Pío XII, le explicamos que Carmen era la hermana de nuestro Fundador y que yo era del Opus Dei: una de las que habían llegado a Roma para comenzar la labor en Italia. Le dijimos el cariño que teníamos al Vicario de Cristo, aprendido de nuestro Fundador, y cómo nosotras queríamos que el Santo Padre encomendase la labor de la Sección femenina en la Ciudad Eterna y, especialmente, que encomendase al Padre. Entonces nos contestó que lo hacía todos los días, desde el año 1943, fecha en que lo había visitado don Álvaro del Portillo". Entonces no era sacerdote —añadió el Papa— y venía con el uniforme de gala de ingenieros. "En aquel encuentro me encargó que pidiese por el Fundador del Opus Dei. Desde entonces lo hago todos los días. Tengo en mi mesilla el ejemplar de Camino que me regaló." El Papa pasó luego a comentar que había recibido la visita de otro socio de la Obra, José María Albareda, que le había impresionado por su talla intelectual y científica. Es de destacar la contestación de las dos mujeres: "Le comentamos cómo en la Obra cada uno se santifica con su trabajo: el investigador, investigando; la profesora, dando clases y ocupándose de sus alumnos; el ama de casa, viviendo amorosamente sus obligaciones familiares (...), y que si el trabajo era el medio de encuentro con Dios, era lógico que pusiéramos en él el mayor empeño"».
|